La separación es uno de los primeros dramas que experimenta un bebé. Su cerebro, inmaduro, no entiende que los padres les dejen para realizar otras actividades. Hoy dia en el mundo occidental, es practicamente inviable llevarles al trabajo y los padres se ven obligados a dejarles en la guardería, centro de educación infantil, en la madre de día o con los abuelos para atender sus responsabilidades laborales.

A menudo los bebés y niños tienden a pensar que la separación conlleva al abandono y, de allí, los lloros y los berrinches. A nivel cognitivo sienten que «si no ven, no existe» . Están inmaduros para comprender la permanencia de las personas o cosas. Además alrededor de los 18 meses años de vida, este sentimiento de miedo a ser abandonados se intensifica y el niño llega a sentir ansiedad al separarse de sus progenitores.

Para evitar estas situaciones dolorosas para ambos – tanto para los niños como para los padres-  es importantísimo  el juego. El «cucu-tras» es una gran herramienta, así como otros juegos que supongan «aparecer y desaparecer». Así mismo llegado le momento de despedirse del pequeño, se debe hacer con normalidad y les expliquen, independientemente de su edad y a pesar de que no lo entiendan, que van a volver a recogerlos.

El hecho de incorporar a la rutina esta explicación, preferiblemente corta, contribuirá a un mejor entendimiento de esta situación, a asimilar el proceso de unión-separación y dará confianza al pequeño.

Trabajar la anticipación puede ser, también, una herramienta muy útil para hacer de éste un proceso más respetuoso. Por tanto, despedirse es vital para que entiendan que cuando alguien se ausenta no significa que no vaya a volver.

Cómo despedirse

– Anticipar lo que va a suceder

– Utilizar una explicación breve y sencilla

– Contarle qué hará mientras estén separados

– Explicar cuando se regresará

Para que este proceso sea lo más respetuoso posible, es importante mantener la compostura (a pesar de los lloros del pequeño) y evitar conductas como gritarles o reprocharles su comportamiento. Los pequeños no deberían notar tampoco que sus progenitores se marchan tristes. Un práctica muy extendida es que los padres “desaparezcan de repente” o salgan a hurtadillas, sin despedirse de los pequeños para no verles sufrir y/o evitarles el disgusto; sin embargo, a pesar de que sea con la mejor de las intenciones, esta práctica empeorará la situación ya que al notar la ausencia imprevista puede experimentar una sensación de abandono. Además, el pequeño se sentirá confundido e inseguro debido a que no sabrá cuando regresará o si se volverá a “escapar”. Con este acto, no le ayudamos a comprender el proceso de unión-separación y es una ruptura de la confianza del niño hacia los padres.

Si bien es cierto que, generalmente, los pequeños se calman a los pocos minutos de la marcha de sus progenitores, es habitual que los padres tengan un sentimiento de culpa durante el tiempo que permanecen separados. Sin embargo, las separaciones son necesarias debido a que fomentan la independencia del pequeño y contribuyen a su desarrollo emocional, les aporta confianza y seguridad, por tanto, les ayuda a crecer y a madurar. Eso si, con respeto y si puede ser de forma paulatina.

Tan importante es despedirse con cariño y afecto como recibirlos con un fuerte abrazo en cuanto regresen a buscarles para mostrarles lo felices que están de volver a verles y por que no, explicarles que si se sienten tristes, es positivo sacarlo. Validar su emoción, mostrar entendimiento y animarles a que si lo necesitan puede llorar para que puedan ir canalizando su sentir.

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